sábado, 7 de febrero de 2015
reto
reto
enfréntame
aun sabiendo de lo amargo
de tu hálito
y de lo extenso
de tu voz
rózame
que todavía
me doliste a medias
en ese golpe seco
que se encajó
en mi alma
en mi voz
en mi calma
como rematando el puzzle
de la vida
pues no supe bien
de lo que hablabas
hasta hoy
que ya te luzco
desde entonces
mírame
mírame a los ojos
si te atreves
si tienes tiempo de mirar
entre silencios y gemidos
que entregué mi luz
y mi destello
para no vivir muriendo
entre tu noche
sé tú misma
que yo ya soy
quien no quería ser
ahora ya soy
quien nunca quise ser.
©Concha González.
viernes, 23 de enero de 2015
REAPRENDIENDO
el silencio el dolor
la huida el dolor
la ausencia el dolor
el dolor
el abandono el dolor
la traición el dolor
la muerte el dolor
el dolor
la desesperación el dolor
la lucha el dolor
la decepción el dolor
el dolor
por más que lo nombre
por más que lo escriba
por más que lo enfrente
aún me enroca
aún me azota
aún me gana
la batalla.
©Concha González.
domingo, 11 de enero de 2015
EL
SOL DE LA MAÑANA
Parece
llover en el cielo.
Ya
el grillo calmó su cántico
y guareció su cuerpo
del
agua muerta.
Las
memorias anegadas
de
su propia ponzoña,
sucumbieron
en esta ciudad
de
pájaros desalados.
Las
ausencias abrazaron las respuestas
al
tiempo que tarareaban
su
propio réquiem.
Nada
importa, después de todo,
mientras
siempre acaben los días para algunos
y nunca
empiecen para otros.
Nada
importa
mientras
volvamos la mirada
hacia
el lado en el que se cieguen los ojos.
Nada
importa
mientras
haya bocas que pronuncien
la
palabra que no hable por sí misma,
mientras
el rugido del león
paralice
nuestros pasos,
mientras
las manos
tan
solo construyan muros
con
el único fin de proteger fracasos.
Después,
cada mañana exhalará
un abnegado
aroma a tostadas y café,
el
semáforo se habrá vuelto a estropear
en
ese instante,
y el
vuelco al corazón sucumbirá
al
trajín de las mentiras.
Después,
seguiremos perdiendo el tiempo
rápidamente,
tan rápidamente
que
ningún cuerdo pensamiento
alcanzará
siquiera a sugerir la opción
de
inmiscuirse en nuestras vidas,
porque
quizás solamente acuda
a
importunar con sus fatigas.
Nada
importará y lo repito.
Nada
inquietará la rutina
que
nos vive cada día,
que
nos mella a cada instante,
que
mutila rebeldías.
Porque
la boca del tornado
nos
engulló hace tiempo,
ensordeció
el oído del que oía,
y
cegó con su desorientadora vorágine
la
mirada más límpida.
Porque
nos hizo morder el polvo
con
látigos de indeleble tinta.
Porque
golpeó con fuerza
la
dignidad del digno
y
oscureció el sueño del soñador.
Pero
la poesía congelaría su cálido hálito,
si
los versos acallasen su voz
y
dejasen de gritar.
De
gritar al poder, a la usura,
a la infamia, a la codicia,
a la
cobardía, al pasotismo,
a la
ignorancia hipócrita,
a la
mentira…
asexuadas
meretrices de apátrida lujuria
que
buscan el vano halago,
onerosas
recompensas
y un
lugar donde dormir.
De
gritar.
De
gritar sí.
De
gritar no.
De
gritar que se debe,
que
se puede,
que la
sonrisa aún
puede
vestir un rostro
y la
esperanza
pintar
un alma,
y
que siempre es hoy
para
ver salir el sol
de
la mañana.
©Concha González.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
LA NIÑA DE LOS OJOS ILIMITADOS
Nadie puede hacerte
sentir inferior
sin tu consentimiento. Eleanor Rooselvet
LA NIÑA DE LOS OJOS ILIMITADOS
No
sé
si
te reconoces.
Aquella
niña de ojos ilimitados
puede
que este a tiempo
de
ayudarte a recordar.
A
recordar
la
esencia femenina
que
colmaba tus encantos,
que
eran muchos,
que
son tantos…,
recordar
aquellos
sueños
que nunca
nacieron
para morir desgastados
bajo
el techo protector
de
una habitación de adolescente,
aquellos
espacios despistados
que
yacían escondidos
entre
la calma dulce
de
un tiempo blanco.
Quizás
sí, quizás,
aquella
niña de ojos ilimitados
pueda
ayudarte a recordar
aquel
mundo que avistabas
ya
cercano,
donde
intuías
un
amago empañado
de
tu forma de mujer,
donde
los pasos transitaban confiados
todavía.
Quizás
también
te ayude a recordar
aquel
mundo
que
tratarías de ajustar a tu medida,
como
aquellos imposibles jeans
que
habitabas a diario,
como
aquel banco de parque
que
pretencioso
se
jactaría de atesorar tus secretos de pandilla
entre
sus horas de sol y lluvia.
Ahora
miras dentro de ti
y
te encuentras encerrada
atendiendo cada día al desatino.
Cae,
se despeña sin rozar a penas
los
bordes de tus labios
tu
voz,
cae
arrastrando la entereza
de
tu firme palabra,
de
tu palabra
y
de la fuerza contenida en su cadencia.
Hay
demasiado en juego.
Los
niños, que ya comprenden,
un
hogar, por fin logrado,
alguna
promesa inservible y caducada
que
se adhiere pegajosa
tras
la mentira de aquel príncipe imaginado
de
doble cara.
Escuchas
dentro de ti
como
cruje el miedo,
como
aúlla la desesperanza,
y
ruegas al cielo para que el viento
que
hoy traspase la ventana
tan
solo derribe la soledad y la pena
que
permanecen ancladas en el mismo fondo
de
tu alma.
Decir
amor, mientras oculta
sus
manos manchadas,
ya
no justifica la culpa y la amenaza,
decir
amor
solo
envilece la certeza
de
la cárcel que te atrapa,
que
te hiere de una muerte recargada
de esperanzas rasgadas.
Decir
amor
no
justifica
nada.
Aquella
niña de ojos ilimitados,
jamás
decidió morir
mientras
vivía.
Aquella
niña
vive
vive
sin duda alguna aún
en
ti misma.
©Concha González.
lunes, 10 de noviembre de 2014
LA PERSISTENTE SONRISA
LA PERSISTENTE SONRISA
Te olvidaste de vivir
como viven
las personas
que permutan los destinos
por deseos,
las que ocupan las mañanas
en faenas mundanales
por designios de los hombres.
Te olvidaste de vivir
como viven las personas
que en las tardes
profesan el amor a la familia
y a su causa
Te olvidaste de vivir
así como viven
las personas
que en las noches se aman
sin entornar los ojos
ante la oscuridad que se desata,
las que no entonan la canción
de las excusas
como inicio de batallas.
Te olvidaste de vivir.
No recuerdas ya al galeno
que te desterró al deceso
del que respira
ni de que acataste sumiso la pena impuesta
por la vida
sin recurrir sentencia.
Te olvidaste
y, sin embargo invocas con orgullo
al joven fuerte que ayer fuiste
aquel que poseía el tiempo
en herencia compartida
como si ese estatus de eternidad
apenas retenida
rejuveneciera el lánguido recuerdo
de tus días muertos...
Porque no te ves
fuera de la orilla, todavía
ni tampoco braceando
incansable
mar adentro.
Porque ya no te ves.
Apenas si te escuchas
cuando duermes
arropado al calor de la inconsciencia
mientras esbozas esa única sonrisa
que todavía te resta
de entre todas las vencidas
en tu frágil consciencia.
Esa única sonrisa que persiste
tras el sueño cotidiano
jamás pensó
en abandonar tu rostro
jamás pensó
en abandonar tu mente.
Algo tendrás aún que decirte, supongo.
Algo tendrás aún que decirte
pues subsiste tu palabra y tu persona
entre las bambalinas opacas
de la desmemoria.
Algo tendrás aún
que decirte.
©Concha González.
sábado, 1 de noviembre de 2014
La Raíz
... a veces siento
que olvidé escribir
el verso cálido
que la vuelta de la esquina
se enderezó a propósito
que a mi alma ya no le cabe el sonido
de mis dedos locos...
Siento, a veces, el incompleto deambular
de alguna frase tímida e inconsciente
preludio del desgarro de sí misma
ante la vida.
Y siento, también,
el paso de los años tras los cuerpos que formaron
mi genética...
como si fueran mis propios años
como si fueran míos
míos
cómo los siento...
y su raíz
asiéndose y desasiéndose
(en un siniestro juego de eterno aprendizaje)
al tiempo
y mi raíz
(cada día)
un poco menos soterrada al mundo
(cada día)
jugando, callada e inexplicablemente
al mismo inexplicable
callado
callado
y
siniestro
juego
siniestro
juego
©Concha González.
miércoles, 15 de octubre de 2014
LA CONCIENCIA
... asumo la conciencia
del perdedor
me vence la vida
a ratos
me vence...
otros
calzo ausencias
entre mis pies desnudos
de presencias
y acordono sus delirios
con la fuerza
del que conoce el juego
con anterioridad
y no lo subestima
abrillanto su mirada
hasta alcanzar la ceguera
de mis ojos
y así lograr discernir el caos de su silencio
a través de la niebla que la oprime
pero...
no hay solución posible
ella
siempre ha sido
como una piedra en la sandalia del andante
como un tiro certero entre los ojos
como tu recuerdo
que me vence
a ratos
me vence...
©Concha González.
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