sábado, 21 de septiembre de 2013

CIERTAS COSAS



CIERTAS COSAS

I

Hay ciertas cosas
en las que he decidido no creer.

No creo ni creeré
en las pequeñas aves nómadas
que opten por volar
hacia suntuosas jaulas de oro
para permanecer en ellas convenientemente.

No creo ni creeré
en la respuesta que no invite a la pregunta
a tomar asiento en su sofá
para platicar sin sumisiones;
ni en la orden previsible
cuando imprevisiblemente aborta
opiniones que comparten tiempos.

No creo ni creeré
en quién, cómo o cuándo,
si estos lucen un cartel de omnipotencia
permitiendo  subterfugios
de apologías amedrentadoras.

Tampoco en la oscuridad de los días
ni en la de las noches,
a no ser  que  solamente  adviertan
sobre misterios atemporales.

II

Qué  duro  resulta admitir
que los hechos terrenales
a menudo poseen  bocas humanas,
y  que lo horrible del mundo   
se expresa través de la palabra.

Qué duro reconocer
que es en la impermanencia del azar y en la apatía
donde la indolencia aparca sus caídas manos,
sus ojos cegados,  las voces mudas que gritan, 
inconsolablemente,
que las leyes no existen, que las leyes no hablan,
que la leyes tan solo son frases encadenadas;
encadenadas cadenas asidas a anomias desorientadas
que  a veces hieren y dañan, que minan y acallan  
a los hombres cuya voz,  el aire horada.

III

Hay otras ciertas cosas,
que por su veracidad incuestionable
sus indómitas razones y algo más
que no alcanzo a comprender…
dignas de mi confianza y creencia.

Cosas  semiausentes que sueñan  ansiosas
el momento oportuno para regresar a su hogar.

Me temo que aún yacen desahuciadas
bajo puentes descubiertos,
soportando las  lluvias ácidas,
agrietadas por los  vientos secos.

Yacen desahuciadas,  lo sé,
como también sé, que dichas lluvias 
algún día se habrán  de tornar  en sangre vivificante,
y  que los vientos exhalarán  hálitos fortificantes.

IV

También las hay sencillas, fáciles, insondables…
cosas como que el amor
suele engendrar excelsas riquezas,
pero que los odios, por contra,  
alumbran atávicas miserias.

V

Hay ciertas cosas
cuya credibilidad sostiene la vida.

Tú, yo, él y ella, nosotros…
el aire (matiz inapreciable)
la ilusión (siempre niña),
el silencio (oxígeno inestimable),
la libertad entronizada
en los huecos de las almas,
la igualdad sosteniendo  la firme antorcha
que de luz ilumina  la estancia,
la acracia que desaherroja
las manos alzadas,
y el amor,
(permítanme nombrarlo de nuevo)
el amor, tan bella palabra.

VI

Pero, no soy yo, ni tú, quizás no sea nadie
quien pretenda, en  cruel despropósito,
pensar por el mundo y para el mundo.
En realidad este dudoso derecho no semeja  derecho,
semeja  la entelequia de enajenados disfrazados
de credulidades,  de misérrimas mentiras,
de providencias divinas.

VII

No parece ser la vida
la culpable de las muertes prematuras,
pero la avaricia  (garra lacerante)
luce sedienta su más fiel reflejo,  
luce irredenta su fuliginoso espejo traicionero.

VIII

Nadie confiará en una hiena hambrienta
si esta sonríe cuando avanza.
Nadie hablará  por dos bocas al unísono.
Nadie servirá  a distintos  amos
con jarras de fina plata.
Nadie  borrará jamás su historia
si jamás le han permitido narrarla.



No obstante, siempre habrá  alguien
que libere sus versos,
que despegue  los labios,
que libere los miedos,
que comience  a contar
la cuenta de nuevo.

Siempre habrá alguien.

©Concha González.
©Imagen propia.


5 comentarios:

  1. Buenas, enhorabuena por el blog, me gustaría intercambiar enlaces contigo y que nos sigamos mutuamente.
    Un enorme saludo desde http://orgullobenfiquista.blogspot.com/
    http://bufandasybanderasamps.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  2. Yo he decidido dejar de creer en mí, y desde entonces me siento más liviano, convencido -como tú- de que siempre habrá alguien.
    Abrazos, siempre

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues yo creo,querido Amando, que creer en uno mismo es el quiz de toda cuestión, y que la cuestión se resuelve creyendo. Un gran abrazo.

      Eliminar
  3. No creo ni creeré
    en las pequeñas aves nómadas
    que opten por volar
    hacia suntuosas jaulas de oro
    para permanecer en ellas convenientemente.

    Ni yo amiga, ni las aves ni los seres humanos podriamos estar en jaulados aunque fuera de oro. Somos seres libres y la libertad no se encierra. Besos y gracias por el don de tu amistad. Feliz domingo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu lectura. La libertad es la esencia. Un abrazo.

      Eliminar