sábado, 18 de mayo de 2013



EL ESPEJO

Desde hacía un tiempo
hasta su propio reflejo le estorbaba
en los espejos.

Las arrugas del alma
barrían hacia su rostro
las palabras desvencijadas
que rodaban por los suelos.

Barrían:
derrotas decepcionadas
miradas regaladas
poesías insanas
descreencias desatadas.

Su espalda
lucía encorvada por  pesos detraídos
hacia altos desatinos,
mientras  los fracasos oficiales
amasaban sus fortunas
refugiadas tras los párpados caídos.

Y fue entonces,  cuando su boca
comenzó una vida
deshabitada de besos y ruegos
de suspiros,
de disciplinados misterios.

Y, su boca
pasó de vestir su ternura genuina
su virginal posición...
a cubrir sus vergüenzas de líneas finas, rígidas
blanquecinas

sin más ornamentación
que su sórdidos secretos.

©Concha González.
Imagen de la red.


4 comentarios:

  1. Que nos vamos haciendo viejos, no? Tampoco vayas a tener prisa.

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  2. Pues una vida deshabitada de besos y ruegos, también tiene su áquel. Por cierto, ¿te has hecho miembro (a) del club de defensa del adjetivo? Diecinueve cuento... y luego me dicen a mí que abuso...
    Un abrazo.

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  3. Bueno, va a ser que a mi no me salen tantos. Pero sí, es cierto, parece ser que pertenezco al club de defensa del adjetivo... y como a ti ya me lo han advertido,(advertido, no dicho). Supongo que habré de disciplinarme al respecto. Gracias por la advertencia Amando. Un abrazo.

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  4. Viejos y pellejos Fernando. peor sin prisa claro. Un abrazo.

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